¿Qué tipo de guía emocional queremos ser para nuestros hijos?

Lidiar con las emociones de nuestros hijos a veces puede ser desestabilizante, sobre todo, si nosotros muchas veces tampoco sabemos reconocer o actuar sobre lo que sentimos. 

A todos nos gustaría ser siempre ese padre o madre, capaz de hacer frente a las emociones de nuestros hijos y actuar ante ellas de forma positiva y cariñosa. Sabemos que esto no siempre es así. 

 

Por eso, decimos que es mucho más fácil llegar a «Roma», teniendo un mapa al que seguir. De otra forma, lo más seguro es que nos perderíamos en el intento. Lo mismo sucede con nuestras metas como personas, si tenemos claro a donde queremos llegar, nos será más sencillo identificar las estrategias que debemos de aplicar para lograr nuestro objetivo con éxito. 

 

La pregunta es ¿A dónde queremos llegar como guías emocionales 

de nuestros hijos?

 

 

Ph. D. John Gotten, en su libro «Raising an Emotionally Intelligent Child«, habla sobre los cuatro diferentes tipos de padres que ha observado a lo largo de su carrera y los describe así:

 

1. Padres que desestiman: Aquellos que ignoran, desvalidan o trivializan las emociones negativas de sus hijos. Por ejemplo, cuando a su hijo le quitan un juguete le dicen «No te enojes, no pasa nada».

 

2. Padres que reprueban: Critican o juzgan la conducta de sus hijos al mostrar una emoción negativa y posiblemente regañan o castigan a los pequeños por expresar dicha emoción. Por ejemplo, «No estés triste. Si sigues así te irás a tu cuarto»

 

3. Padres liberales: Aceptan las emociones de sus hijos y empatizan con ellos, pero no ofrecen guía o limites en la conducta se sus hijos. Por ejemplo, «¿Estás celoso? Ven te abrazo» y nada más. 

 

4. Padres guías emocionales: Comienzan como los liberales, reconocen y empatizan con su hijo, pero van más allá. Le entregan estrategias sobre que hacer con las emociones que lo ponen incómodo, al mismo tiempo que limitan la conducta. «Veo que estás enojado por que no quieres ir a la escuela hoy ¿cierto?… ¡Sé como te sientes, a mí también me gustaría quedarme en la casa contigo! Pero no podemos, tú tienes que ir a la escuela y yo a trabajar (abraza o busca mantener contacto físico con su hijo, le permite mostrar su sentimiento). ¿Pero sabes que podemos hacer? ¡Mañana no es día de escuela, ni de trabajo! ¿Se te ocurre algo que podamos hacer juntos?… ¡Buena idea! Ahora es momento de irnos. Entre más rápido pase el día, antes estaremos realizando ese magnifico plan que pensaste». 

 

¿Se observa la diferencia? 

 

Muchos padres nos quedamos en el número tres. Y a veces, reaccionamos ignorando o juzgando la emoción de nuestros hijos. Pero si tenemos claro, que queremos parecernos más al número cuatro y convertirnos en guías emocionales para nuestros hijos ¡Lo más probable es que lo logremos! Estas descripciones pueden funcionar como brújula.

 

Es cierto, que toma un poco más de tiempo ser un guia emocional en cada momento, pero nuestra finalidad es construir en nuestros pequeños habilidades que le permitan lidiar con la frustración, enfrentarse a sus emociones y fluir de forma natural ante ellas. Queremos fomentar la autorregulación (como su nombre lo dice, auto significa motor interno). En el ejemplo, el padre o madre empatiza con el niño, le permite identificar, experimentar y aceptar su emoción; pero al mismo tiempo ofrece estrategias y limites. La opción de no ir a la escuela o trabajo, nunca se ofreció. Y al mismo tiempo utilizó la estrategia de pensar en positivo, motivado por elegir lo que harán al día siguiente.

 

Así es que ya lo saben, todos tenemos la opción de convertirnos en una guía emocional de nuestros hijos. Primero debemos de tener la intención y ponernos como meta actuar de una forma cariñosa, implementando limites y ofreciendo opciones a nuestros hijos ante cualquier emoción. 

 

 

**Les recomendamos el libro de John Gottman. Ofrece ideas claras y estrategias concretas para convertirse en un guía emocional de sus hijos.